domingo, 27 de junio de 2010

Sin minerales no hay tecnología.

Antimonio, berilio, cobalto, galio, indio, magnesio, niobio, tantalio, volframio... Son algunas de lasmaterias primas fundamentales para fabricar productos de alta tecnología como teléfonos móviles, módulos fotovoltaicos o baterías de litio. Y la mayoría escasean en el continente europeo. ¿La solución? Reciclar, según recomienda la Comisión Europea.

Según acaba de hacer público un grupo de expertos, existen catorce minerales fundamentales para el desarrollo de tecnología en la Unión Europea: antimonio, berilio, cobalto, espato flúor, galio, germanio, grafito, indio, magnesio, niobio, metales del grupo del platino (PGM), tierras raras, tantalio y volframio. Las previsiones indican que la demanda de algunas de estas materias primas fundamentales podría más que triplicarse entre 2006 y 2030. Y esa demanda creciente por el crecimiento de las economías en desarrollo y de las nuevas tecnologías emergentes pondría en riesgo el suministro. Además, una gran parte de la producción mundial procede principalmente de unos pocos países: China (antimonio, espato flúor, galio, germanio, grafito, indio, magnesio, tierras raras y volframio),Rusia (PGM), República Democrática del Congo (cobalto y tantalio) y Brasil (niobio y tantalio).

Las principales tecnologías emergentes que necesitan materias primas fundamentales son losmicrocondensadores (antimonio), las baterías de iones de litio y los combustibles sintéticos (cobalto), los módulos fotovoltaicos de capa fina, los circuitos integrados y los diodos emisores de luz blanca (galio), el cable de fibra óptica y las tecnologías ópticas infrarrojas (germanio), laspantallas (indio), las pilas de combustible y los catalizadores, los imanes permanentes y la tecnología láser (neodimio, una tierra rara), etc.

Para evitar futuros problemas, los expertos sugieren mejorar la eficiencia del reciclaje de materias primas o productos que contienen materias primas, como los teléfonos móviles, a la vez que fomentar las sustitución de determinados minerales por nuevos materiales.

jueves, 24 de junio de 2010

Feliz cumpleaños Genoma Humano.

El 26 de junio de 2000, Bill Clinton, entonces presidente de Estados Unidos, presentó en la Casa Blanca el primer borrador del "libro genético de la vida humana": el genoma humano. Era el resultado de una década de trabajo por parte de unos 3.000 científicos de 20 institutos de seis países del mundo, y prometía "una revolución en el diagnóstico, prevención y tratamiento de la mayoría, si no es que de todas, lasenfermedades".

Diez años después de la secuenciación del genoma humano, la revista Nature ha consultado a casi 1.200 científicos. Y aunque todo indica que aún falta mucho para que la "gran revolución médica"pronosticada sea una realidad, el genoma humano sí ha dejado huella en el terreno de la investigación. El69 por ciento de los encuestados ha confesado que el hallazgo les inspiró para dedicarse a la ciencia o para cambiar el rumbo de aquello que estaban investigando. Además, el 90 por ciento manifestó que el descubrimiento del genoma había ayudado a que sacaran adelante sus propias investigaciones. Y casi un tercio de los científicos admite que utiliza la secuencia del genoma humano casi a diario en sus proyectos. "Para los investigadores jóvenes como yo es difícil imaginar cómo los biólogos eran antes capaces de trabajar sin ese hallazgo", escribió uno de los encuestados.

En el terreno personal, la encuesta también ha revelado cómo los científicos están aprovechando de toda la información disponible para estudiar sus propios genomas. Alrededor de un 15 por ciento respondió que se habían sometido a un test genético en el ámbito médico, y casi uno de cada diez había utilizado los test disponibles en farmacias. El 13 por ciento reconoció que ya habían secuenciado y analizado parte de su propio ADN, y la mayoría respondió que si tuviesen la oportunidad de secuenciar el ADN de algún ser vivo, lo harían con el suyo propio, con el de sus hijos, con el de un familiar o con elADN de sus mascotas.

En la actualidad, varios proyectos tratan de completar la información que nos ofrece la secuenciación del "código de la vida", entre ellos el Proyecto Epigenoma Humano, que pretende identificar los factores ambientales y los cambios químicos que pueden modular nuestro ADN.

Aquí les dejo un videito especialmente para mis chicos de la prepa a los que les recuerdo deben dejar un comentario... ¡Éxito en su examen!

martes, 22 de junio de 2010

En el mundo de los sueños.

Palacios con perspectivas insólitas, personajes clonados hasta el infinito... Jean-François Rauzier realiza imposibles collages digitales gigantes con una resolución fuera de lo normal.


Noche cerrada en el centreo de París, con miles de pantallas y de clones, del propio Rauzier. La foto mide 22,50 x 7,50 metros.


Para conseguir esta Biblioteca ideal (12 x 5,88 m), Rauzier realizó durante semanas cientos de fotos en las salas de la Biblioteca Nacional de París.


El sueño de Borges, en una megaimagen cuyo tamaño original es de 36 x 21 metros. Cada libro tiene su título. Y todos los personajes, rostro


Este artista francés nacido en 1952 ensambla con su ordenador centenares de fotos de altísima definición. Sus mundos imaginarios están poblados de personas, animales y objetos ultradetallados.


Tras las ventnas de un palacio parisino, replicado en el ordenador, se adivinan algunas obras maestras de la pintura italiana: Giotto, Boticelli,Leonardo da Vinci...


Asomados a sus terrazas o mezclados con turistas y jeques árabes, pueden distinguirse algunos reyes, reinas y amantes del Antiguo Régimen.

viernes, 18 de junio de 2010

La inmortalidad no existe...


Humanos somos y se nos acaba el tiempo, por desgracia, se le ha terminado a uno de los más grandes de la literatura: José Saramago se nos fue el día de hoy dejando un legado inmenso.

Aquí les dejó la entrevista que El Nuevo Día le hizo al escritor, en abril del 2007, en la coyuntura de la publicación de su libro autobiográfico 'Las pequeñas memorias'.

El espejo le devuelve la imagen de un niño de 84 años y a veces se descubre a sí mismo en la mirada y también en la sonrisa apenas dibujada, rasgos que conserva intactos desde aquellos días en Azinhaga, cuando la Pilar que ahora lo acompaña "todavía no había nacido" y tardaría "tanto en llegar".

Con la certeza de que de alguna manera sigue siendo -aunque con menos ingenuidad- el niño que evoca en "Las pequeñas memorias (Alfaguara), José Saramago conversó con El Nuevo Día para desandar ese camino adoquinado de recuerdos, como prólogo a la llegada del libro a Puerto Rico antes del fin del mes que hoy comienza.

"Cuando tenía cuatro años perdí a un hermano de dos... y a veces creo que con mi vida me he esforzado para darle a él una vida", dice el escritor lusitano galardonado en 1998 con el premio Nobel quien, nombrado originalmente José de Sousa, adquirió el apellido con el que se ha vuelto célebre por un desliz de un empleado borrachín del registro civil de su aldea, quien añadió en su partida nacimiento lo que era el apodo de su familia en la comunidad, adición que fue descubierta años después, cuando fue necesario obtener una copia del documento para inscribirlo en la escuela.

Luego de señalar que "el tiempo siempre se está acabando", José comenta que si bien podría pensarse que escribir sus memorias en estos momentos de su vida es un gesto lapidario que cierra un ciclo creativo "como el de la serpiente que se muerde la cola", nada más lejos de la realidad, porque eso significaría que no escribirá más, pero "estoy seguro de que éste no es mi último libro".

"Cierto es que decidí escribirlo ahora, pero creo que lo deseo desde que era un niño", apunta.

"Quizá la idea se fortaleció hace 20 años, pero en ese entonces era apenas un chaval de 64 años, con mucha vida todavía por delante. En verdad siento que escribí el libro cuando debía hacerlo".

Con serenidad, José considera que "Las pequeñas memorias" no ha cambiado nada en su vida y que seguramente otros de sus libros sí han tenido un efecto en ese sentido, pero "eso lo sabremos más tarde".

"El libro acaba cuando tengo 14 ó 15 años y al escribirlo he caído en cuenta de que toda la gente de quien hablo en estas memorias está muerta y de que soy el único que queda de ese recuerdo. Creo que al escribirlos los he resucitado un poco. Todas esas personas no dejaron nada como huella material de su paso por la vida, nada para que se les recordara... ni libros, ni pinturas, ni música. Tengo que decir que lo más importante para mí de este libro no es lo que me ocurrió, sino lo que dejo en él de estas personas que durante sus existencias no dejaron rastro y ahora lo tienen".

Distanciado de cierta manera en este libro del estilo literario de sus ficciones, José mantiene en su arquitectura la impronta cuasi cinematográfica que lo ha distinguido como un prodigioso constructor de imágenes gracias a lo que el define como su "capacidad para hacer visible al lector lo que estoy narrando", ejercicio vinculado entrañablemente a la elección de las palabras y al ritmo con el que navegan en el texto.

"Esa es una tangencia que veo entre mis libros y el cine", dice. "No es algo que hago de manera deliberada, sino porque fluye de manera natural por mi propia necesidad de ‘ver' las cosas que estoy describiendo y eso ha desarrollado en la capacidad de narrar como lo hago. Ahora tengo una gran curiosidad de ver el resultado de la versión cinematográfica de mi novela Ensayo sobre la ceguera, coproducción entre Canadá, Brasil, Inglaterra y Japón. Me tiene muy intrigado descubrir cómo traducen en imágenes ese texto, por la fuerza del tema, su intensidad y dramatismo".

Al tocar el tema de la inmensa influencia que ejercieron en él sus abuelos Josefa y Jerónimo, José explica que ellos "no sabía lo que eran valores, pero los vivían".

"Nunca se esforzaron en transmitir valores, pero lo hicieron", acota. "Eran dos campesinos analfabetos que lo único que hicieron fue trabajar toda su vida. No me dieron lecciones, nunca me dieron un discurso moral ni mucho menos. Sencillamente vivían y yo vivía viéndolos. Me criaban y yo los veía... así aprendí de valores. Para educar no se necesita ser culto. Una cosa es la instrucción y otra la educación... en el mundo hay una gran confusión en este aspecto y lo peor de todo es que hay muchos mal educados gobernando el mundo".

LO QUE QUEDA

José no duda un ápice al decir que nadie como él para conocer al dedillo al niño que fue y que eso le permite asegurar qué de ese infante queda ahora en él.

"Es imposible pensar que no ha sucedido nada entre los 7 años que tenía entonces y los 84 de ahora", dice.

"Tampoco se puede pensar que el ahora es simplemente una extensión del ayer. Han pasado muchas cosas y he vivido muchas también, pero tengo la certeza de que continúo muy ligado a ese niño y que ese niño sigue muy ligado a mí. Esa seguridad me la da el hecho de que luego de una vida tan larga no he olvidado el tiempo de mi niñez, porque existe la tendencia a olvidar lo que pasó cuando éramos niños, sobre todo si la vida no ha sido fácil. Entonces pensamos que lo importante es llegar a la edad adulta y todo lo que quedó atrás se ha vivido porque tenía que vivirse y ya. Tengo la fortuna de que en mi caso no ha sido así y creo que sigo siendo de alguna forma -con menos ingenuidad, por supuesto- el niño del que se habla en ese libro. Mi relación con ese niño siempre ha sido muy intensa. Desde luego, ya no tengo la buena memoria de antes, pero mantengo nítidos muchos recuerdos como una especie de hilo que viene desde el pueblo en que nací hasta el momento de esta conversación y que me permite mirar ese camino continuo como algo muy coherente para ayudar a ese niño a expresarse por mi boca, con mis palabras".

El portugués asevera que en el proceso creativo de "Las pequeñas memorias" no cayó en las trampas de la nostalgia y que de esa manera el ejercicio no fue aciago.

"Quien lee el libro no encuentra nostalgia alguna", sentencia. "No digo si lo que viví fue feliz o no, digo sólo lo que ocurrió como lo recuerdo. Hay nostalgia cuando sólo se evocan los buenos momentos, pero en ese sentido eso no está ahí. Si pudiera volver a ser el niño que fui me gustaría vivir todo lo que he vivido antes, sin elegir entre lo bueno y lo malo, sino todo íntegramente porque en ese proceso aprendí más de lo que pudiera imaginar. Me alegro de haber escapado de esas trampas de la nostalgia porque, además de haber hecho la escritura más fácil, el resultado es más verdadero".

EN EL OLVIDO

De manera categórica, sin el menor asomo de fe en ese sentido, José exclama que "la inmortalidad no existe" y que lo único seguro "es el olvido".

"Homero escribió 'La Iliada' y de ambos sólo se acuerdan los especialistas. Esa obra tuvo vigencia por algún tiempo, poco o mucho, pero ya no y eso pasa y pasará con todo", ilustra con su proverbial cadencia lusitana.

"Nosotros dejamos obra y esa obra tendrá un futuro determinado. Homero por lo menos ha llegado hasta el día de hoy pero algún día pasará y nosotros: ¿vamos a llegar hasta cuándo? ¿Hasta cuándo Gabo (García Márquez) va a tener lectores? Yo esperaría que por toda la eternidad, pero como la eternidad no existe tampoco... A mí me gusta saber que Gabo deja sus libros. Él tiene ahora 80 años y vivirá unos cuantos más; yo tengo 84 y espero vivir también algunos más.

Ambos tenemos una obra que se va a quedar, pero ¿por cuánto tiempo? ¿por cuánto tiempo mis lectores van a preguntar por mis libros? En estos tiempos hay una relación muy estrecha entre Gabo y sus lectores, entre mis lectores y yo, pero no podemos decir cómo será entre 50 o 100 años. Esto continuará pero lo cierto es algún día todo caerá en el olvido. Ahí, en el olvido, es que nos vamos a encontrar todos, antes o después. Pero mientras sucede eso, aquí estamos, unos escribiendo, otros leyendo".

Reacio a revelar detalle alguno respecto a su próxima novela, José asegura que necesita "un tiempo para descansar antes de pensar en otro libro". "Las memorias acaban de salir y hay que abrir un espacio para que lo que ahora todavía es un embrión se convierta en otro libro", comenta.

"Lo que si puedo asegurar es que no habrá más memorias. En éstas conté lo que quería contar, hasta los 14 o 15 años. De esa época y nada más porque lo que sucedió después con mi vida toda la gente lo sabe de una u otra manera. En la escritura de estos recuerdos no hubo -como en mis libros anteriores- un detonante, una idea súbita e insólita que me marcara el inicio. Te repito que la idea me acompañó durante buena parte de mi vida. Este libro ha esperado lo necesario y se convirtió en realidad cuando fue su momento".


Descanse que mucho trabajó estando entre nosotros.

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